A muchos les convendría recordar que la lentitud no es necesariamente un defecto.

 

Somos anhelos que habitan en el tiempo.

 

El sabio aprovecha la duda, el cobarde la esquiva y el ignorante la padece.

 

Una sociedad que no valora el conocimiento como un bien en sí mismo no merece llamarse culta.

 

La recurrencia no justifica los actos.

 

La utopía como reto estimula el progreso; como refugio, lo anula.

 

Aprender de un obstáculo ayuda a superar muchos otros.

 

Sólo el insatisfecho puede ser violento.

 

En el arte de la danza, el cuerpo es a la vez lienzo y pincel.

 

El exceso en la conducta es síntoma de una carencia.

 

Los nacionalismos se comportan a menudo como religiones laicas.

 

La revolución sólo es posible mientras la disidencia sea percibida como amenaza.

 

La vida no tiene un sentido dado, lo cual es una gran ventaja, pues podemos darle el que más nos plazca.

 

El mayor peligro de la sociedad de consumo no es su capacidad para homogeneizar el gusto o la conducta, sino su capacidad para homogeneizar la ética y la moral.

 

El inconsciente utiliza el cuerpo como salida de emergencia.

 

La hipocresía es la verdad de los cobardes.

 

La única forma de hacer menos que nada es excederse.

 

La política puede convertirse en la gran enemiga de la ideología.